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Payró, una parodia de la modernidad

El escritor y periodista Roberto J. Payró, fallecido hace 90 años, fue un “dandy” que dejó joyas para los lectores futuros como “El casamiento de Laucha”, las “Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira” y “Pago Chico”.


Las narraciones de Roberto Payró, que murió hace 90 años el 5 de abril de 1928, tienen una temática común: la apropiación, el plagio, la traducción, la cita y, en definitiva, los mecanismos más turbios que manipulan los derechos de autor. ¿Quién escribe?, es la pregunta que podemos hacernos al leerlo.

Es que este narrador, nacido en ciudad bonaerense de Mercedes el 19 de abril de 1867, era un “parodista” en el mejor sentido de la palabra, un artista de la paráfrasis, las citas y las bromas. Pero sus parodias no consisten en quedarse en la faz imitativa, como suele suceder, sino que adquieren su propia dimensión rechazando la identificación con el objeto parodiado.

Payró utiliza el mecanismo de diferir la autoría del relato, ya que el narrador cede la palabra a su personaje (por caso, en “El casamiento de Laucha”) y cuenta lo que quiere contar. Lo que pone en juego aquí, también, es el derecho a hablar, porque Laucha no tiene acceso a la escritura por iletrado. Entonces, depende de un narrador que lo traiciona.

Sólo un escritor inteligente puede armar una trama tan divertida y bien estructurada como “El casamiento...”: el narrador admite haber escuchado la anécdota del propio personaje (el primer "nonsense") y, a la vez, deja entrever que la historia no es "fidedigna". Un realista o un naturalista dirían que se da un disparo en los pies.

Si a esto le sumamos que el narrador desautoriza a su propio personaje mediante un pie de página y precisa que los errores, cambios u omisiones de datos de la biografía son causados por el copista del manuscrito, tenemos una trama compleja.

En “El casamiento…” hay de todo. Por ejemplo, un personaje que escribe a pedido por una miserable paga, como un "ghostwriter avant-la-lettre", y otros que logran fama y dinero gracias a la escritura del primero. También un narrador que revela que sus historias son “como una simple colección de documentos” y “notas atinentes a la vida política, intelectual y social”.

Este es mismo mecanismo que Payró usó en las “Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira”. Los datos son, casi siempre, falsos: nombre, lugar de nacimiento y tiempo narrativo son “denunciados” por el propio autor en una cita al pie de página. Otra vez, no se utiliza un narrador clásico en tercera persona sino que se cede la palabra al personaje, quien con ayuda del copista teje su historia.

El plagio propiamente dicho es el tema de “El triunfo de los otros”, donde se plantea directamente el tema de la apropiación y la escritura apócrifa: alguien escribe, otro firma el libro. Un personaje (Julián) pone su pluma al servicio de los discursos de un político que compra su fama y reputación oral por una “exigua suma”. Y otro dramaturgo mediocre recibe los aplausos gracias a una “traducción” de Julián, quien acusa a los “parásitos de mi cerebro”.

Con estas ideas, Payró cuestionaba cierta moralidad imperante en el período de profesionalización de la escritura y la formación del campo editorial, tal como se lo conoció después: estrellas del cine, el periodismo y la televisión que publican libros exitosos que escriben, en realidad, “cagatintas a sueldo”. Y por unos pocos pesos, en realidad.

Payró lo hizo teatralmente, a través de la puesta en escena de la inmoralidad, un gesto paródico de alto contrate. Porque si algún lector puede cuestionar la veracidad autoral de Laucha, lo que no puede dejar de observar es la profusión de escrituras falsas a lo largo del texto, incluyendo documentos apócrifos, como el que el cura Papagna falsifica durante el casamiento.

La moral, en cambio, parece estar colocada en el trabajo de la Gringa (la novia del Laucha), que ahorra honradamente para que su pareja la despilfarre en el juego y el alcohol. O en Julián, equivalente de la Gringa, porque acumula saber y prestigio intelectual para que lo aprovechen "los otros".

Las parábolas de Payró, que supo ver el futuro argentino, apuntan a que el trabajo sacrificado no da beneficio, pero sí el negociado, la usura, el robo o el plagio. En esto, este autor supo escuchar la voz de los otros, los "negros" que no figuran en el mapa de las editoriales.