EOR

EOR

Un manifiesto inoxidable

Se cumplen 170 años de la publicación del “Manifiesto del Partido Comunista”, escrito a dos manos por Karl Marx y Friedrich Engels: un conjunto de buenas intenciones y observaciones agudas que el socialismo real tiró por la borda.


Por Martín Ungaro

“Los proletarios no tienen nada que perder excepto las cadenas. Tienen un mundo por ganar. Trabajadores del mundo, uníos", finaliza una de las proclamaciones más citadas de los últimos dos siglos: “Manifest der Kommunistischen Partei (Manifiesto del Partido Comunista), de Karl Marx y Friedrich Engels.

Nuestro recuerdo viene a cuento de una efeméride: el 24 de febrero, se cumplen 170 años de la publicación original del ensayo de Marx y Engels (o de MyE, a esta altura una marca registrada de las ciencia sociales) que comienza como sólo podía comenzarlo un romántico alemán que leyera a Schiller y a Shakespeare: “Un fantasma sobrevuela Europa: el fantasma del comunismo".

El ensayo de MyE parte de la doctrina clásica del socialismo utópico, pero le añade un determinado modo de razonamiento materialista que el gran maestro de ambos, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, había anticipado en sus clases universitarias: el pensamiento dialéctico.

En una somera síntesis, podemos decir que el “Manifiesto” -al igual que el posterior ensayo “Das Kapital”- introduce en las ciencias económicas y sociales la idea de que el trabajo humano produce un valor y que ese valor no se retribuye como debiera por la explotación a la que son sometidos los proletarios. 

De la diferencia entre lo que efectivamente produce el trabajador como valor y lo que cobra, la plusvalía, surge la acumulación capitalista que hace que hoy un 20 por ciento de la población mundial sea 20 veces (en países más desarrollados o 45 veces en los menos desarrollados) más rica que el 80 por ciento restante.

Contra lo que se supone habitualmente (la versión paranoica de que Marx era el intelectual y Engels el socio inversor), la primera versión del “Manifiesto” fue escrita por el amigo que ocupa un “lugar menor”, si se quiere, en historia. El primer borrador escrito por Friedrich se llamó “Principios del Comunismo”.

El ensayo no pasó a la historia como un libro extraordinario (como sí ocurriera con “El Capital”) aunque sentó las bases teóricas y estratégicas con las que MyE intentaron adoctrinar a la clase obrera de su época. Marx ya había sido expulsado de las universidades alemanas por sus "ideas subversivas" y encontró en Engels el socio ideal para transformar su pensamiento en un programa revolucionario.

Cuando escribieron la primera versión del “Manifiesto”, Marx tenía 29 años y Engels 27. Luego le dieron “retoques” al texto para la segunda versión, luego de los sangrientos sucesos de La Comuna de París, en 1848, donde el socialismo se practicó por primera vez sin utopías.

El contexto, como sabemos, era la profunda crisis económica que había traído tremendas privaciones y sufrimientos a las grandes masas de trabajadores y campesinos de toda Europa.

Dio la casualidad que, tres días después de que el “Manifiesto" se publicara por primera vez en Londres, el 24 de febrero de 1848, los obreros de París levantaron barricadas en toda la ciudad, provocando la caída del reinado de la aristocracia financiera encabezada por Luis Felipe de Orleans y forzando la proclamación de la Segunda República. 

Aclaremos, el texto de MyE no tuvo nada que ver con el levantamiento francés, pero sí es un síntoma de que ambos teóricos habían respirado con exactitud el aire social y económico que se respiraba en Europa: al mismo tiempo que Francia ardía, hubo protestas en Colonia y en el Imperio Prusiano, mientras en Viena las movilizaciones de trabajadores desafiaban al emperador de Austria-Hungría.


Precisamente, Hungría se levantó de la tiranía y proclamó su independencia. Berlín también ardió tras una protesta masiva de trabajaron. El “Manifiesto”, en verdad, anticipaba y explicaba el contexto de estas manifestaciones más que “incitarlas”, como le endilgó a Marx el liberalismo.

Si bien las distintas pequeñas revoluciones que se sucedieron en Europa -la más potente fue en Francia- fueron derrotadas, MyE había dado cuenta -y los hechos se lo confirmaban- de que la clase obrera había surgido como sujeto histórico por primera vez en Europa.

Desde ese momento, nunca se dejó de estudiar este fenómeno que vaticinaron MyE.