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Treinta años sin el manosanta

Hace 30 años, el 5 de marzo de 1988, Alberto Olmedo, creador de personaje entrañables de otra época, se desmoronó de un piso 11 y falleció en Mar del Plata, cuando tenía apenas 55 años y era el capocómico más exitoso de Argentina.


Si uno juzga el pasado con los ojos del presente, siempre cometerá algunas injusticias. Pasa con Juan Manuel de Rosas, con Domingo Faustino Sarmiento, con Julio Argentino Roca o con Juan Domingo Perón, por citar casos emblemáticos. Los "hombres fuertes" de la política argentina fueron absueltos o condenados de acuerdo con la época en que se los ponderaba. Nunca de acuerdo con la época en que vivieron.

En estos casos, lo difícil es comprender que aquellos que hicieron "La Historia" (con mayúsculas) fueron seres humanos que estaban gestando o modificando un país, con sus propios claroscuros, sus contradicciones, sus pro y sus contras. Quizá sólo José de San Martín -el San Martín del falso caballo blanco y el bronce impoluto- quede fuera de las controversias porque todo país se debe a sí mismo un mito de origen: en Estados Unidos, fue Washington; el Francia, la Libertad.

Lo mismo podemos decir del humor de otra época: si nos detenemos críticamente antes las comedias cinematográficas o televisivas de Alberto Olmedo y Jorge Porcel (una marca registrada en la TV de los ’70 y ‘80) encontremos un rancio machismo, casos de violencia de género y varios vicios de origen que no eran tenidos en cuenta por aquella sociedad. "El Manosanta" bien podría ser acusado de acoso sexual a "La Nena" en estos momentos, aunque apenas era un “sinvergüenza” de barrio.

Ingresamos en estas disquisiciones para rememorar el 30º aniversario del fallecimiento del "Negro" Olmedo, gran capocómico si los hubo, que hizo delirar de risa tanto a chicos como adultos con su picaresca rosarina y su tics de hombre con calle.

Las características de clown, trapecista de circo, payaso, improvisador de primera categoría y un encanto gestual que pocos artistas demostraron en la historia le otorgaron a Olmedo el primer lugar de preferencias del público hasta la madrugada del 5 de marzo de 1988 cuando con una pirueta -que pocos entendieron y nunca se esclareció del todo- voló desde un balcón del piso 11 de Mar del Plata y se estrelló en el piso.

Su pareja de entonces, Nancy Herrera, y vecinos del edificio Maral 39, en el boulevard Peralta Ramos al 3600, reconstruyeron para el sumario judicial sus últimos momentos: el viernes 4 de marzo había colmado el teatro Tronador con "Éramos tan pobres"; luego fue a cenar con parte de su familia al restaurante "Hamburgo", sobre avenida Colón, lechón, vino blanco y un panqueque; durante la madrugada no se oyó ni un ruido en el departamento que ocupaba en la temporada de verano.

Sin embargo, alrededor de las 8:30 del sábado se oyeron gritos aterradores: "¡Me caigo, mamita, me caigo! ¡Agarrame la pierna!". Y una voz de mujer (Nancy) también gritaba: "¡Yo te agarro! ¡Pero no puedo, no puedo!".


Esa mañana quedaron registrados en el mito personajes entrañables que disfrutaron chicos, adolescentes y adultos: "El Capitán Piluso", "El Manosanta" y "Chiquito Reyes", entre otros; quedó atrás una carrera exitosa en cine, teatro y televisión; quedaron atrás ciclos como "No toca botón" u "Operación Ja-ja" (con un rating que hasta Marcelo Tinelli envidiaría) y casi 50 películas, muchas de ellas filmadas con su amigo y compañero de toda la vida, el "Gordo" Porcel.

Sólo tenía 55 años y estaba en el pináculo de su carrera, después de una infancia humilde, de privaciones en sus primeros momentos en la Capital Federal, de haber empezado como cadete y "tiracables" en Canal 7 y de un debut mediocre en el programa "La Troupe de TV".

Más tarde, claro está, llegó el éxito, la fama y el dinero, hasta aquel sábado 5 de marzo, en que el sol se escondió todo el día detrás de las nubes y refrescó. De la misma manera que John Lennon, el "Potro" Rodrigo o Gilda, el negro Olmedo fue fugaz y murió como vivió: siempre de repente, improvisando... Acaso se haya negado a pactar con la vejez.