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Para cagarse de risa o de tristeza

Hace cinco años falleció Carlos Loiseau, humorista, historietista, dibujante, pintor eximio y, para más datos, poeta. 


Como le enseñó hace años su “gran maese” Roberto Fontanarrosa, el mejor agasajo que puede recibir un humorista de la gente es que “se cague de risa” de sus chistes. Y si bien no es un buen momento para carcajadas, sino más bien para una lágrima incauta, desde algún lugar del cielo el negro Caloi estará satisfecho de lo mucho que lo releímos y de lo mucho que nos “cagamos de risa” con sus disparates.

Cuando todavía extrañábamos al otro negro, al más hincha de los “canayas”, el 8 de mayo de 2012, hace cinco año, nos desayunamos con la noticia de que un mandito cáncer se había llevado, a los 63 años, a Carlos Loiseau, humorista, historietista, dibujante, pintor eximio y, para más datos, poeta. 

Creador del ya legendario “Clemente”, esa mezcla de pájaro que no vuela y humano sin brazos –como a los tantos arqueros que la sabiduría popular supo bautizar Clemente-, de la pulposa “Mulatona”, del “Hincha de Camerún” y también -aunque muchos lo hayan olvidado- de Bartolo, Caloi conoció los agasajos y el amor de sus fans en vida.

Entre sus últimas “obras por amor al arte”, como le gustaba llamarlas, de seguro todos recordarán la creación y la conducción del ciclo televisivo “Caloi en su tinta”, dedicado a la divulgación de cortometrajes de animación e historietas. Justamente dos semanas antes de morir, el negro había estrenado una película de animación titulada “Ánima Buenos Aires”, dirigida por su actual compañera, María Verónica Ramírez, con música compuesta por el bandoneonista Rodolfo Mederos.

Sin embargo, pese a la fiesta que se vivió en la presentación, el negro estaba “jodido”, como contaron sus amigos. Desde hacía unos días, permanecía internado en el Instituto del Diagnóstico, de Capital Federal, donde falleció un martes con sabor a día de miércoles.

Caloi, conocido en varios países latinoamericanos por su personaje “Clemente”, había sido declarado “Personalidad destacada de la cultura” en 2004 y “Ciudadano Ilustre de Buenos Aires”, cinco años más tarde, por sucesivos gobierno porteños.

Claro está que Clemente, como todo personaje genial, fue más allá que su creador y recibió la distinción de “Patrimonio cultural de la Ciudad de Buenos Aires”, otorgado por la Legislatura de la Ciudad.

El célebre dibujo había nacido en 1973 como una suerte de pájaro a rayas que no podía volar y que era acompañante de Bartolo, el conductor de tranvía o 'trangüei', como decía Clemente en su argot. Es decir, todos ellos iban a cumplir 40 años en la contratapa del diario “Clarín”, una regularidad pocas veces vista en la historia del “comic”. 

Además, tuvieron un breve paso por la televisión en 1982, con motivo del Mundial de España, donde apareció por primera vez “El hincha de Camerún”.

La carrera profesional de Loiseau había arrancado en 1966 en la revista “Tía Vicenta”, donde sólo trabajó en dos números porque el dictador Juan Carlos Onganía ordenó cerrarla. Después dibujó para los semanarios “Panorama”, “Siete Días”, la mítica “Satiricón” y “Primera Plana” hasta que llegó al matutino Clarín.

Uno de los hechos que lo marcaron fue la “utilización obligatoria” de Clemente durante la realización del Mundial ’78 por parte de la última dictadura cívico-militar. Contra los pedidos del “locutor oficial” del Proceso José María Munoz, Caloi inició una cruzada para que la gente tirara papelitos en las canchas y festejara los triunfos argentinos. De esa forma, boicoteaba el mandato de “orden monástico” al que obligaban los dictadores. Fue por entonces que la gente cantaba en la cancha: “Muñoz, Muñoz, Clemente te cagó”.

No son pocos los que destacan, entre sus méritos profesionales, la incorporación de un tono “reo” al humorismo gráfico, justamente él que había nacido en Salta el 9 de noviembre de 1948. No obstante, 18 años después pateaba ya las calles de Buenos Aires y deambulaba por redacciones.

Uno de sus compañeros de coberturas deportivas, Horacio Pagani, lo definió “como uno de esas personas que uno puede decir sin duda ‘es un buen tipo’”. En tanto, Rudy, ex guionista de Tato Bores y autor de más de 30 libros de humor, subrayó que uno de los mayores aportes de Caloi es “la incorporación de un tono porteño y reo al humorismo gráfico y su enorme tarea de divulgación en el ciclo televisivo ‘Caloi en su tinta’”.

Rudy sostuvo que “la gran singularidad de Caloi es que retrató un mundo distinto, que a los futuros humoristas como yo nos mostró todas las maneras ingeniosas en que se podía mostrar la realidad”. 

Publicado el 8 de mayo de 2017