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Ginastera, un siglo de música dodecafónica

El 11 de abril se cumplen cien años del nacimiento del compositor Alberto Ginastera, uno de los músicos más universales que dio Argentina en el siglo XX de la mano de sus óperas “Don Rodrigo” y “Bomarzo”.


Por Martín Ungaro

La crítica especializada en música, tanto argentina como europea, lo consagró como uno de los compositores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, debido a la variedad de técnicas que están presentes en sus óperas y sus piezas de cámara. Es que Alberto Ginastera, de cuyo nacimiento se cumplen 100 años, abrevó en escuelas y ritmos de muy diferente origen hasta realizar una música esencialmente tradicionalista que se impuso después de la Segunda Guerra Mundial.

La misma crítica considera que su obra se puede dividir “grosso modo” en tres períodos: el primitivo “nacionalismo objetivo” influenciado por la música folklórica nacional y por sus atentas escuchas de Stravinsky, Bartok y Manuel de Falla. De este período, destacan “Danzas argentinas”, “Cinco canciones populares argentinas” y “Pampeana Nº1”.

En segundo turno, se habla de un “nacionalismo subjetivo” a partir de fines de los años ’40, cuando adoptó técnicas modernas para hacer composiciones de vanguardia esencialmente tonales, a partir de elementos populares argentinos, como “Pampeana Nº3”, “Sonata para piano” o el “Cuarteto de cuerdas Nº2”.

Y finalmente, un tercer período considerado “neoexpresionista” que hace hincapié en la búsqueda de procedimientos técnicos más avanzados (dodecafonismo, aleatoriedad y microtonalidad), para lo cual olvida un poco el folklore. Sus obras más importantes de esa época fueron las óperas “Don Rodrigo”, “Beatriz Censi” y “Bomarzo”, su obra más célebre en colaboración de Manuel Mujica Láinez.

Sobre todo por esta última etapa, Ginastera fue considerado en EEUU y Europa como el compositor latinoamericano más importante durante varias décadas, en las cuales dejó un sinnúmero de obras de gran actualidad: los dos “Conciertos para piano”, el “Concierto para violín”, el “Popul Vuh” para orquesta, el “Concierto Nº 2” para cello y orquesta y la “Cantata para América Mágica”.

Formación y composiciones. Alberto Ginastera realizó estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Buenos Aires, con la tutela de dos de sus grandes maestros, Athos Palma y José André. Más tarde fue nombrado director del Conservatorio de La Plata y fundó el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales. Se debe a su inspiración, también, la Facultad de Ciencias y Artes Musicales de la Universidad Católica de Argentina.

Entre 1945 y 1948 vivió a Estados Unidos, donde estudió con el compositor ruso-israelí Aaron Copland. Luego, en 1969, fue a vivir en Ginebra, Suiza, donde falleció el 25 de junio de 1983.

Las obras instrumentales más relevantes del músico, de acuerdo con la crítica, son “Obertura para el Fausto Criollo”, “Sinfonía elegíaca” y Variaciones concertantes”, conocida como ballet con el título de “Tender Night”, con coreografía de John Taras. También se destacan la “Cantata para América mágica” para soprano y percusión, y “Milena”, con texto de Kafka, además de la exitosa Bomarzo.

Con “Bomarzo”, Manuel Mujica Láinez había iniciado en los años ’60 un ciclo de novelas eruditas y fantásticas, con una base histórica. El relato, al que le puso música Ginastera y lo convirtió en ópera, está contado por un muerto, Pier Francesco Orsini, noble del Renacimiento, que le dio nombre a los famosos jardines italianos. Sin embargo, la obra fue prohibida por la dictadura de Juan Carlos Onganía y debió estrenarse en 1967 en Washington. Recién fue vista en Buenos Aires en 1972.

Publicado el 6 de abril de 2016 en gaceta.com