EOR

EOR

Una nube donde soñó el surrealismo

Hace 105 años nació en Buenos Aires uno de los representantes más destacados de la poesía surrealista argentina, Enrique Molina, a quien todos recuerdan sin embargo por su novela sobre Camila O’Gorman.


Por Martín Ungaro

Enrique Molina fue, sin dudas, uno de los escritores más importantes de la llamada “Generación del ’40” y de la poesía surrealista argentina. Pero a contramano de su maestría con la palabra y el verso libre llegó al gran público a través de una novela de alto vuelo lírico: “Una nube donde sueña Camila O’Gorman”, de 1974.

A propósito de cumplirse el 2 de noviembre 105 años de su nacimiento, evocamos su gran libertad imaginativa para historiar, sin rigor documental aunque con justicia poética, el sangriento episodio en que Camila O’ Gorman se enamora de un sacerdote español llamado Ladislao Gutiérrez, se escapa con el cura y es cazada por “la mazorca” de Juan Manuel de Rosas. El hecho real provocó un gran escándalo en la ciudad de Buenos Aires y desembocó en una tragedia.

La novela, que presenta al ex gobernador de Buenos Aires con las características atemporales de un dictador latinoamericano más contemporáneo (léase “Yo el supremo”), recibió el Premio Municipal de la Ciudad y fue llevada al cine por María Luisa Bemberg, con protagónicos de Susú Pecoraro e Imano Arias, además de un imperdible Héctor Alterio.

De todos modos, fue la producción poética de Enrique Molina la que perduró entre las mejores páginas de la lengua castellana. Y en esa resonancia, tuvo mucho que ver su transmigración desde un surrealismo tardío hasta un modelo autóctono de raíces latinoamericanas.

Si en un principio se asoció a Aldo Pellegrini en la revista literaria “Qué” (más tarde se llamó “A partir de cero”), luego se movió hacia temas más “nerudianos”, por denominarlos de alguna manera, como el erotismo, la religiosidad primitiva y la cosmología. Los críticos literarios marcan, en este sentido, sus deudas con el poeta francés de origen lituano Lubisz Milosz.

A partir de “Las cosas y el delirio”, en 1941, que tiene clara inspiración en la poesía de Paul Éluard, Molina se internó en temas menos metafísicos y más cotidianos para América Latina: se ve esa impronta en “Costumbres errantes o la redondez de la tierra”, de 1951, “Amantes antípodas”, de 1961, o “Fuego libre”, de 1962.

Vida. Enrique Molina estudió derecho en la Universidad de La Plata, pero no llegó a ejercer como abogado. En cambio, tuvo diversos oficios como marinero, pintor y bibliotecario. Entre sus preocupaciones personales se destacaba la Guerra de Vietnam, a la que dedicó su libro “Monzón Napalm”, en 1968.

Dos años antes, había preparado la antología de su obra poética “Hotel Pájaro” y, recién en 1978, se conoció la primera edición de sus Obras Completas, que por supuesto fueron incompletas. Después se publicaron sus poemarios “Los últimos soles”, en 1980, “El ala de la gaviota”, 1989, “Hacia una isla incierta”, 1992, y el póstumo “El adiós”, a fines de 1997.

Es que Molina había fallecido el 13 de noviembre de ese año, dejando una obra sólida, en la debe mencionarse también “Pasiones terrestres” y “Las bellas furias”. Es resumen, su estilo lo ubicó a la altura de artistas que cambiaron desde la escritura la realidad de su tiempo como Alberto Girri, por citar a uno de sus contemporáneos.


Publicado el 4 de noviembre de 2015 en gaceta.com