EOR

EOR

Leopoldo, el olvidado

Hace 45 años fallecía uno de los escritores argentinos más notables del siglo XX, Leopoldo Marechal, autor de la fundamental novela “Adán Buenosayres”.


Por Martín Ungaro

El caso del escritor argentino Leopoldo Marechal es notable. Escribió al menos dos de la mejores novelas del siglo XX, “Adán Buenosayres” (1948) y “El banquete de Severo Arcángelo” (1965); Julio Cortázar declaró siempre su admiración por él y lo consideró su antecesor; se codeó con Jorge Luis Borges y lo más granado de la literatura argentina en las décadas del ’30 y ’40; puso en escena obras de teatro memorables… Y sin embargo, hoy es un notable olvidado.

Acaso sus devociones políticas por el peronismo, que le valieron el exilio interno tras el golpe de estado de 1955, tengan algo que ver con el silencio que pesa sobre una obra que bien vale la pena repasar y que dejó concluida el 26 de junio de 1970, hace 45 años, cuando falleció.

Si no fuera por los programas de Literatura Argentina de las facultades de Filosofía y Letras del país o los lectores más sagaces, las obras de Marechal no circulan, ni se venden, ni son fáciles de conseguir. No obstante, los escritos de Marechal supieron estar a la altura de los grandes escritores argentinos del siglo pasado y fueron galardonados en vida por sus colegas y la crítica literaria.

No falta la lectura política de este hecho de quien enfatizan que un adherente al peronismo no podía ser reconocido por los aparatos culturales de la oligarquía. El problema es que este sustantivo (oligarquía) ha tenido usos tan flexibles, sobre todo por voces peronistas, que podría ser desmentido con el hecho de que Beatriz Sarlo (por años titular de Literatura Argentina del Siglo XX en la UBA) impusiera en sus programas la lectura obligatoria de Marechal, pese a ser considerada ahora, por la “intelligentsia nac & pop” como “oligarca” y “gorila”.

Lo cierto que además de ser un gran escritor, Marechal fue bibliotecario, maestro de escuela, profesor de secundaria y formó parte de la generación que “inventó” la literatura argentina: la generación de Martín Fierro. Por aquel entonces, publicó poesías vanguardias en los libros “Los aguiluchos” o “Días como flechas”, hasta que halló su voz propia con las “Odas para el hombre y la mujer”, en 1929 y recibió el Premio Municipal de Poesía.

De sus viajes por Europa, ganó amigo en las artes plásticas como Antonio Berni, gracias al cual llegó a codearse con un español malhumorado que sería, tal vez, el más famoso pintor del siglo: un tal Picasso.

A su regreso, comenzó a trabajar en “Adán…”, la novela fundaciones que recién publicaría en 1948, luego de un trabaja demoledor con la palabra. En 1941, obtuvo el Premio Nacional de Poesía por “Sonetos a Sophia” y “El Centauro”, ambos publicados el año anterior.

Adán y después. Tras la publicación de su novela fundacional, Marechal obtuvo una mirada fría, salvo las del entusiasmado Julio Cortázar y del poeta Rafael Squirru. Es que en su novela, el escritor retrató con humor a muchos reconocido personaje de la literatura y el arte, lo que molestó a una sociedad pacata.

Por ejemplo, Borges. El bardo ciego había sido siempre enormemente elogioso con los libros de Marechal, pero tras la salida de “Adán…” y su apoyo al peronismo dejaron de tratarse. Como escribió alguna vez Sarlo, “dejaron de escucharse”. Estaban en tonos diferentes, otra música.

Lo cierto es que “Adán…” abreva como el “Ulises” de Joyce en “La Odisea”, aunque su raíz judeocristiana lo lleva a mirar de reojo “La Divina Comedia”. De hecho, la parte “Viaje a la Oscura Ciudad de Cacodelphia” es una lograda parodia del libro de Dante. Esta novela en clave, podrá en relieve además la vida y las ideas de muchos de sus contemporáneos: Xul Solar en la piel del astrólogo Schultze; Jacobo Fijman bajo el disfraz de Samuel Tesler; Borges, bajo el manto de Luis Pededa, poeta ciego y aficionado al criollismo; y Victoria Ocampo, bajo la figura de Titania.

Además, Marechal fue un notable dramaturgo. “Antígona Vélez”, basada en “Antígona” de Sófocles, recibió el Primer Premio Nacional de Teatro. Quizá, esa sombra de olvido que tiño su obra tuvo un momento lúcido cuando fue jurado del premio Casa de las Américas, en 1967, ya consagrado por haber escrito una de las novelas fundamentales de la literatura argentina.

* Publicado el 24 de junio de 2915 en Gaceta Mercantil.