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La pasión de Pancho Ramírez

La novela “La cabeza de Ramírez”, del escritor platense residente en Chaco Juan Basterra, trabaja una ficción con base histórica que nos zambulle en las guerras fratricidas de los caudillos cuando la patria recién amanecía.


Por Martín Ungaro

En 1988, uno de los más extraordinarios ensayos escritos en la Argentina definió la literatura gauchesca como un modo de construir un “tratado sobre la patria”. Por supuesto nos referimos al libro “El género gauchesco”, de la recientemente fallecida Josefina Ludmer, una notable pensadora nacional.

Se nos ocurre que el mismo concepto de “tratado sobre la patria” podría extenderse al género Novela con base histórica. Algunos de los libros de María Esther de Miguel, el reciente “Echeverría” de Martín Caparrós o el lejano “Valfierno”, del mismo autor, servirían de ejemplo para armar una tesis al respecto.

Pero ahora no nos convocan las tesis literarias sino otra novela que, por desarrollo argumental y calidad de escritura, es comparable a aquéllas: “La cabeza de Ramírez” del escritor platense radicado en Chaco, Juan Basterra.

Como en su primera novela “Tata Dios”, Basterra se encarama sobre las comprobaciones de la historia, en este caso las guerrillas internas entre las Provincias (des)Unidas del Río de la Plata en el siglo XIX. Desde ese lugar, trabaja la compleja relación entre territorios y caudillos, en una época (las primeras décadas tras la Revolución de Mayo) en que los caudillos representaban, en sí mismos, la tierra y la patria.

En este contexto, se desenvolvió la agitada y corta vida de Francisco “Pancho” Ramírez, héroe de Entre Ríos y mártir de las guerras fratricidas entre Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y esa provincia hasta que el país quedara unificado bajo la férrea mano de Juan Manuel de Rosas.

El autor reconstruye con pericia los instantes a los que no llegan las certezas de la historia: diálogos, intimidades y especulaciones que hacen que “La cabeza…” tenga páginas de literatura muy felices.

Además de estar muy bien documentado –notable el relato de las intrigas y traiciones entre caudillos-, la novela acierta con minuciosas descripciones físicas y de temperamentos de los hombres que “hicieron la historia”.

Sin embargo, el punto donde la novela descuella y muestra toda su potencial de literatura con base histórica (y no libro de historia novelado, como hay tantos ahora) está, nos parece, en la reconstrucción artesanal del  lenguaje de principios del siglo XIX. El “Pacho” Ramírez de Basterra, un caudillo todo lo culto que se podía ser en ese tiempo, es capaz de hablar con la profundidad de un filósofo con sus amigos letrados y como un gaucho con sus soldados. Un acierto.

Otro acierto, estimo, está en los detalles ficcionales de las pasiones del líder entrerriano, encabalgado entre el amor cortés de una mujer de la alta burguesía y el amor frenético de una “cuartelera” en medio de las batallas.

La formación paulatina del héroe, primero bajo la sombra didáctica del oriental José Gervasio Artigas y luego como líder de la rebelión provincial contra el Directorio de Buenos Aires, se elabora en un “in crescendo” emotivo y militar que, como anticipa la historia, finalizará en intrigas, delaciones y derrota.

La temática que desarrolla la novela (la verdadera cabeza de Ramírez que se exhibe en el primer capítulo)  forma parte de una metonimia de la barbarie imperante en esa época, desde nuestro punto de vista de supuestos “civilizados”, y de la traición del santafesino Estanislao López, quien finalmente hace abatir al héroe entrerriano y lo exhibe como trofeo. 

La novela de Basterra convierte esa cabeza en un símbolo de una patria que no terminaba de nacer y que corría peligro de volverse colonia de potencias extranjeras: el Imperio Portugués acechaba desde la otra orilla del Plata mientras los caudillos peleaban entre sí por sus privilegios.

También Basterra, si quiere, elabora en “La cabeza de Ramírez” un tratado sobre la patria.