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Gore Vidal, memorias de un transgresor

En agosto de 2012, a los 86 años, falleció el intelectual norteamericano más provocador del último medio siglo. Los odios que generó, su homosexualidad, la vinculación con el clan Kennedy y sus insultos a George W. Bush pasaron a la historia.


Fue, ante todo, un pensador lúcido y feroz con su época. Supo como nadie definir en una sola frase la ética imperante en los Estados Unidos, durante las últimas décadas de declinación intelectual: “No alcanza con tener éxito, es necesario que los demás fracasen”. Gore Vidal se murió cuando su reflexión crítica nos era más necesaria.

Hace ya más de 60 años, el escritor norteamericano sacudió a la literatura -y a la pacata sociedad que acunaba el macarthismo- con la novela “Una joven cerca del río”. La historia, bella y sentida, se inspiraba en un amor de juventud, Jimmy Trimble, quien murió en una batalla en una isla del Pacífico, mientras prestaba servicio para los marines en la Segunda Guerra Mundial. Por eso, nunca simpatizó con la intervención de su país en ninguna contienda bélica.

Vidal, que vivió en Italia con el dramaturgo Tennessee Williams y fue amante del rey beatnik, Jack Kerouac, combatió sin cansancio el conservadurismo moral y sexual de los Estados Unidos. A tal punto que su segunda gran novela, “Myra Breckinridge”, de 1968, también puso en el tapete, “para quien quiera leerla”, su identidad sexual.

Gore Vidal falleció a los 86 años, tras sufrir una neumonía en su casa de Los Ángeles, y dejó más solos a los escasos progresistas de Estados Unidos. Ecléctico y enamorado de París, ciudad que descubrió tras la caída del nazismo, Vidal fue sin dudas mucho menos conocido en el mundo que sus contemporáneos Norman Mailer o Truman Capote, pero en su país gozaba del estatus de una “verdadera institución de la literatura”, como señaló en su obituario el diario “The New York Times”. Una especie de estatua de la libertad al lado de La Estatua de la Libertad.

Pero su vida no sólo fue de libros, sino además de política. Eugene Luther Gore Vidal, su nombre completo, fue hijo de un oficial de la Fuerza Aérea, nieto de un senador y primo segundo del ex vicepresidente Al Gore. Para sellar su destino, baste mencionar que había nacido en el nido del conservadurismo más reaccionario del mundo, la academia militar de West Point, el 13 de octubre de 1925. Quizá para compensar ese origen en su educación, su madre se casó en segundas nupcias con Hugh Auchincloss, quien fue esposo de Jackie Kennedy. Por eso, Vidal fue íntimo amigo del ex presidente John Kennedy y de todo el clan.

Su larga temporada en Europa –principalmente en Francia e Italia- se debió a un escape “hacia la civilización”: tras ganar la guerra, su país ingresó en hostilidades contra el comunismo y contra todo aquello que sonara a realmente democrático, incluidos los derechos de los negros y los homosexuales. En París fue amigo y compinche de Jean Cocteau y André Gide, entre otros. 

Una película de vida. Gore Vidal escribió 25 novelas, casi todas inspiradas en la historia y el anecdotario político de los estadounidenses, a los que nunca dejó de atacar como conservadores. “Burr”, “Lincoln” y “1876” son tres joyas de este período. También escribió sátiras como “Duluth” y una decena de ensayos, obras de teatros y guiones para películas.

Tal vez su mejor colaboración con Hollywood fue “De repente el último verano”, pero su éxito más fulminante fue “Ben-Hur”, el film de William Wyler con Charlton Heston, que ganó once premio Oscar, el récord que recién “Titanic” igualó 38 años más tarde. El cine lo atrajo tanto que aceptó participar en la película “Roma”, de Federico Fellini, donde hace una aparición. No obstante, fue en la televisión donde se desenvolvió mejor, con sus intensos debates políticos y sociales que le valieron el odio de mucho y el cariño de pocos.

Dos veces, en 1960 y en 1982, abandonó la escena literaria y se candidateó a cargos electivos por los demócratas, aunque ambas veces fracaso. Si bien consideraba un “mal menor” ese partido, su posición contra la intervención de los Estados Unidos en el exterior lo inclinaba contra los republicanos.

Su radicalidad lo llevó a denostar públicamente en varias oportunidades al presidente George W. Bush. Como otros intelectuales contemporáneos, los acusó de haber ganado sus primeras elecciones mediante fraudes y sus diatribas fueron más que elocuentes luego de que el mandatario utilizara, según dijo, “la amenaza terrorista para invadir países y derrocar gobiernos adversos”, luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Llegó a denominarlo “el hombre más estúpido de Estados Unidos”.

En una entrevista con la agencia francesa “AFP”, Gore Vidal le endilgó a Bush haber mantenido a la gente “a la sombra del miedo”, lo que en su opinión constituía “una gran manipulación totalitaria aprendida de las dictaduras europeas de los años 1930”. Se dice que ex presidente oriundo de Texas también lo aborrecía, pero no por sus ataques sino por su facilidad de palabra. Gore Vidal lo había notado mucho tiempo antes: “La envidia es el factor central de la vida estadounidense”.