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Woolf, el alma de Bloomsbury



“Siento que voy a enloquecer de nuevo. Creo que no podemos pasar otra vez por una de esas épocas terribles. Y no puedo recuperarme esta vez. Comienzo a oír voces, y no puedo concentrarme. Así que hago lo que me parece lo mejor que puedo hacer”, le escribió Virginia a su esposo Leonard Woolf, el 28 de marzo de 1941 antes de llenar los bolsillos de su abrigo con piedras y lanzarse al río Ouse, en Sussex. Sufría de trastornos bipolares.

Adeline Virginia Stephen, su verdadero nombre, había nacido en Londres 25 de enero de 1882 y durante esos 59 años fue una novelista, ensayista, editora y cuentista brillante que concentró a su alrededor a lo más notable de la intelectualidad europea del período de entreguerras. Esa centralidad había tenido como sede su casa en el número 46 de Gordon Square, en el barrio londinense de Bloomsbury, hasta donde llegaban a departir con ella el escritor Edgard Forster, los pintores Clive Bell y Dora Carrington, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein y los economistas John Maynard Keynes y Leonard Woolf, con quien se casó y adoptó su apellido. Este grupo quedó en historia como el Círculo de Bloomsbury.

Esos artistas compartían ciertos criterios estéticos, como un recelo profundo a los gustos de la clase alta a la que pertenecían, y se consideraban herederos de las teorías del historiador de arte Walter Pater, que tuvieron mucha influencia a principios del siglo XIX. Ese desprecio a su entorno la llevó a casarse con Leonard, a quien presentó ante su familia aristocrática como “un judío sin un céntimo”, tomó su apellido y tuvo un lazo de amor para toda la vida. Juntos, por ejemplo, fundaron en 1917 la célebre editorial Hogarth Press, que editó la obra de la propia Virginia y la de otros escritores destacados, como Katherine Mansfield, T. S. Eliot, Sigmund Freud y Laurens van der Post, entre otros.

Sin embargo, su amor no era excluyente. Virginia y Leonard estaban en contra de la exclusividad sexual, por lo cual ella mantuvo durante la mayor parte de los años ’20 un romance con la escritora Vita Sackville-West, esposa del diplomático inglés Harold Nicolson. En 1928, Woolf escribió para Sackville-West “Orlando”, una biografía fantástica en la que la vida del héroe abarca tres siglos y ambos sexos. Nigel Nicolson, hijo de Vita, consideró la novela como “la carta de amor más larga y encantadora en la historia de la literatura”. Un amor tan fuerte que después de acabado el romance, las dos mujeres siguieron siendo amigas hasta la muerte de Woolf.

En esa época escribió su narraciones más importantes: “”La señora Dalloway” (1925), “Al faro” (1927) y “Orlando: una biografía” (1928), además del ensayo Una habitación propia (1929), en la escribe su famoso adagio “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia si va a escribir ficción”.

Su gusto por la literatura y la formación de grupos de pensadores le venía impregnado de su niñez: En la casa familiar de Hyde Park, solían almorzar con su padre, Leslie Stephen, escritores de la talla Alfred Tennyson, Thomas Hardy y el maestro del relato victoriano, Henry James.