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Roberto Juarroz, veinte años después

A 20 años de su fallecimiento, recorremos la obra y la vida de Roberto Juarroz, un poeta esencial de la literatura argentina que, paradójicamente, generó adeptos incondicionales a partir de un solo título.



“Poco a poco se fue formando ese hecho de vida que es escribir hasta que sentí que la poesía era un poco fláccida, repetitiva, aún en los grandes poetas, con zonas en las cuales cedía la tensión interior, ese rango de intensidad que para mí tiene siempre el poema. Eso me llevó a concebir una poesía más ceñida, más estricta o rigurosa, en donde cada elemento fuera irreemplazable. La inclinación fue la de recoger de las situaciones extremas eso que llevamos escondido en nuestro silencio, lo que barajamos y pocas veces decimos”.

La definición propia, efectuada en una conferencia de 1993, puede darnos una idea de la intensidad existencialista que brinda la poesía de Roberto Juarroz, uno de los escritores esenciales argentinos del siglo XX. Con un uso del lenguaje cercano al ensayo o a la metapoesía, el escritor que reunió sus poemas bajo el título de “Poesía vertical” explora los límites de la palabra como nexo entre el mundo y la humanidad, en un acercamiento a la filosofía de Martin Heidegger. Tal vez por eso escribió: “Allí donde la luz no alumbra, tal vez alumbre la sombra”.


La licencia y profesora de literatura Sandra Curetti explicó a Gaceta Mercantil que la poesía de Juarroz “encierra una contundencia singular”, pues “después de leerla, el lector experimenta cierto grado de perplejidad a la vez que percibe el diálogo profundo que esas palabras entablan con la propia experiencia”.

Es que para Juarroz, la poesía contempla un nuevo sentido sagrado, un “sagrado” sin teología que intenta desfosilizar la experiencia del lenguaje.
Por eso, señala Curetti con acierto, “hay algo de revelación, comunión y un impacto que conmueve, conmociona”.

Acaso una de las virtudes de su “Poesía vertical” sea su lenguaje austero, cercano al hombre: Juarroz escribe desde la barricada de lo humano, en su forma más pura”, enfatiza Curetti, docente de literatura de nivel secundario y superior.

Otros críticos literarios han destacado que Juarroz apeló a un lenguaje “diferente” que dejara de lado los ornamentos y la euforia para concentrarse en una síntesis de “emoción, sensibilidad e inteligencia”, una forma que se adentra en zonas prohibidas de la poesía romántica. No hay musicalidad, ni experimentación, sino un puro decir de la realidad.

Vida. Roberto Juarroz nació en la ciudad bonaerense de Coronel Dorrego el 5 de octubre de 1925 y falleció en Temperley el 31 de marzo de 1995, hace 20 años. A lo largo de su vida fue, además de escritor, bibliotecario y crítico literario.


Estudio literatura en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en Universidad de La Sorbona, Francia. Entre 1971 y 1984, fue profesor titular de la UBA, donde ejerció la docencia durante treinta años y dirigió el Departamento de Bibliotecología y Documentación.

Recibió varios galardones, entre ellos el Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía y el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), además de ser nombrado miembro de la Academia Argentina de Letras.

Con excepción de “Seis poemas sueltos”, una colección temprana de 1960, sus libros se agrupan desde 1 al 14 con el título general de “Poesía vertical”. El primero, fue publicado en 1958 mientras el último se conoció dos años después de su muerte.

La crítica literaria ha destacado entre “sus lecturas” el creacionismo de Vicente Huidobro y el simbolismo francés, aunque Juarroz confesó haber quedado “muy impresionado” por los románticos alemanes de principios del siglo XIX.

También publicó algunos ensayos, entre los que se cuenta “Poesía y creación”; “Poesía y Realidad” y “Poesía, literatura y hermenéutica”, todos bajo el formato de diálogos.

Publicado el 18 de marzo de 2015 en Gaceta Mercantil