EOR

EOR

Highsmith, la dama del suspenso




Mary Patricia Plangman, que pasó a la historia de la literatura como Patricia Highsmith, nació en Texas el 19 de enero de 1921 y falleció en Suiza el 4 de febrero de 1995. Durante su larga vida, se consagró como una gran escritora de novelas policiales y manejó las técnicas del suspenso como pocos en el siglo pasado.

De joven mantuvo una relación conflictiva con su madre, quien le confesó que durante el embarazo había intentado abortarla bebiendo aguarrás. Por eso, Highsmith hizo justicia poética y convirtió el hecho en una escena del relato “The Terrapin”, en el cual una mujer apuñala a su madre. Lectora voraz desde niña, empezó a escribir a los 16 años y se graduó en literatura inglesa, latín y griego. En 1943, comenzó a trabajar haciendo sinopsis de cómics para una editorial, donde descubrió su homosexualidad y tuvo sus primeras experiencias, luego reflejadas en la novela “El precio de la sal”, que firmó con seudónimo. Dos años después, publicó los cuentos de “En la plaza” y “El coche”. 

No obstante, fue masivamente conocida a partir de 1950, cuando se editó “Extraños en un tren”, una gran novela que filmó un año más tarde Alfred Hitchcock con guión de otro “monstruo” de los policiales, Raymond Chandler. 

Sus ideas comunistas y el macartismo imperante la hicieron abandonar los Estados Unidos e instalarse en Europa. Residió en el Reino Unido, en Francia y, finalmente, en Suiza. Durante esos años, escribió unas 20 novelas y ocho colecciones de cuentos. 

Sus personajes se mueven, en general, en el límite entre el bien y el mal, y se hallan involucrados casi siempre en mentiras, crímenes y problemas mentales. Tal vez por esos, su visión de la vida parece pesimista y sombría. Algunos de sus relatos incluyen referencias a su homosexualidad, como la novela “Carol” que sus editores norteamericanos rechazaron inicialmente por su temática lesbiana. De todos modos, vendió cerca de un millón de ejemplares.

De estilo seco y económico, Highsmith se destaca como creadora de personajes marginales con ambigüedad moral: sus novelas hablan personas turbias y denuncian la hipocresía social del mundo norteamericano, como el ya famoso Tom Ripley. Graham Greene dijo sobre ella: "Uno no cesa de releerla. Ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde no penetramos sino con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío".