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Nombre masculino, mirada femenima

La baronesa Amandine Dupin de Dudevant fue una “anomalía” en la Francia decimonónica porque encabezó grupos literarios cuando éstos estaban reservados a los hombres, bajo un seudónimo masculino: así nació George Sand.



Por Martín Ungaro

Amandine Aurore Lucile Dupin, la baronesa Dudevant, fue una “anomalía” en la Francia decimonónica. En principio, porque siendo mujer encabezó “armadas literarias” en el tiempo en que éstas estaban reservadas a los hombres. Y segundo, porque para ello debió utilizar un seudónimo masculino con el objetivo de ser aceptada y respetada como escritora. Así surgió George Sand.

Nació en París el 1º de julio de 1804 y falleció en Nohant, una comuna del condado de Berry, en el centro de Francia, el 8 de junio de 1876. Precisamente fue criada por su abuela en Nohant, un pueblo rural, pese a la fortuna de su padre aristocrático y su madre burguesa. A los 18 años, se casó con Casimir Dudevant, se convirtió en baronesa -título que luego rechazó- y tuvo dos hijos, Maurice, nacido en 1823 y Solange, en 1828. En 1831, se separó de su esposo y se instaló con sus dos hijos en París, donde cultivó a pleno una vida literaria. Ese mismo año, se conoció su primavera novela “Rosa y Blanco”, en colaboración con su amigo Jules Sandeau, de quien tomó el seudónimo que la hizo famosa. En esa época, también comenzó a vestirse con ropa masculina y a recogerse el cabello, lo que le permitía circular libremente por las calles de París y tener acceso a lugares que, por su condición social y femenina, jamás hubiera conocido. De esa forma, demostraba que no le importaban los códigos pacatos de la aristocracia.

Su agitada vida social y cultural, no le impidió mantener un romance con el escritor Alfredo de Musset, con quien tuvo una tórrida convivencia en Venecia, en 1933. Esa experiencia fue expuesta en el libro “Confesiones de un hijo del siglo”, de Musset, que fue dedicado “a George Sand”. Además fue amante del compositor polaco radicado en París Frédéric Chopin, con quien pasó una temporada en la Cartuja de Vlldemosa, Mallorca, y escribió su libro autobiográfico “Un invierno en Mallorca”, de 1855. El círculo de artistas que se congregó en su “Salón” con singulares maneras incluía al músico Franz Liszt, el pintor Eugène Delacroix y los escritores Heinrich Heine, Victor Hugo, Honoré de Balzac, Jules Verne y Gustave Flaubert, a quien apañó como una verdadera amiga.

Entre sus novelas más conocidas se destacan “Indiana” (1832), “Lelia” (1833), “El compañero de Francia” (1840), “Consuelo” (1842) y “Los maestros soñadores” (1853). Escribió asimismo sobre temas rurales en “El pantano del Diablo” (1846) y “El molinero de Angibault” (1845). Pero lo más interesante, sin duda, son sus autobiografías “Historia de mi vida” (1855) y “Ella y él” (1859), donde cuenta su relación con Musset.

Retrato: George Sand, por Delacroix